Jonathan
Jonathan se
preguntaba donde estaba, que hacia ahí; no recordaba mucho, solo que había
ruido, unas sirenas antes de dormir, y que había despertado ahí, en una clase
de habitación para un paciente del hospital, pero en la habitación había abundante
oxido en los aparatos y en la cama, las paredes se encontraban viejas y roídas,
el papel verde en la pared estaba roto en la mayor parte, y el suelo estaba
terriblemente sucio, como si ningún alma haya pisado ese lugar desde hace años,
y había unas manchas, un liquido, amarillento y purpureo a la vez, la
habitación se encontraba iluminada por una lámpara de cable.
En el suelo
estaban tirados la mayor parte de los aparatos médicos, la cama estaba sucia y viscosa
por este desconocido liquido, en el suelo, además, había un montón de papeles,
seguramente eran importantes en su momento, pero ahora, eran simplemente
montones de información perdida.
Jonathan
pensó que lo mejor que podía hacer era salir de ese lugar y saber que había
pasado y, más importante que nada, donde estaba, así que se levanto de la cama,
y sin darse cuenta, piso el liquido viscoso; se acerco a la pared que se
encontraba junto a la puerta e intento encender la luz, obviamente el foco
exploto en el acto, y al intentar llevarse la lámpara, era obvio que era
funcional únicamente cuando se encontraba conectada, así que decidió salir de
su habitación sin ninguna fuente de luz. Cuando John intento abrir la puerta, a
esta se le zafaron los tornillos, dando evangelio del tiempo que había pasado
antes de que despertara, y cayó al suelo, causando más ruido del que uno
debería hacer.
Cuando Jonathan salió de su habitación, se encontró en un
ambiente de terror profundo, terror hacia lo que uno no puede ver, porque la
temible obscuridad nublaba todo; John no podía ver a mas de 2 metros de su
cara, apenas distinguía la cantidad de dedos que tenía en su mano. Aun así,
decidió que, según lo que su juicio había decidido minutos antes, debía
averiguar que hacia allí, así que se aventuró hacia la temible obscuridad y
comenzó a caminar.
Varios minutos después, habiendo pasado múltiples puertas
cerradas, John no se rendía, seguía con su afán de abrir toda maldita puerta
que encontraba a su paso, pero todas estaban cerradas, solo había una puerta
abierta, un armario de conserje, que en el cual además de todas las escobas y
utensilios de limpieza, había una vela y una caja de cerillos, que únicamente
contenía 5 cerillos. Entonces Jonathan salió del armario del conserje y encendió
el cerillo, al mismo tiempo que este era apagado por una brisa casi
inexistente, que, según John, no había existencia alguna de esta corriente
aérea. Así que John solo continuo a oscuras por este largo pasillo.
Después de minutos de andar sin un fin (que para cualquier
ser podrían parecer horas), se topó con una puerta, una puerta que señalaba el
final del pasillo. No podía ver a través de sus ventanas, porque estaban
manchadas por un líquido que cualquier individuo hubiera confundido con aire,
pero había una luz que se escurría sigilosamente por debajo de esta puerta. Con
aire decidido, abrió la puerta, y entró a lo que parecía ser una sala de
operaciones.
Pero no una sala de operaciones normal, era una especie de
sala que estaba separada de un largo pasillo circular donde cualquier andante
podría ver desde cualquier perspectiva la operación. Tampoco no era normal por
eso, sino que las condiciones de la sala de operaciones eran tan denigrantes
como el hospital completo, con todos los aparatos completamente oxidados.
En el centro de la sala había 2 personas junto a un cuerpo
sacando todos sus órganos internos, eso es suficientemente asqueroso para ver
pensó John, pero para sorpresa suya, el supuesto cadáver movió su cabeza y lo
miro, moviendo su boca en intento de habla. John no podía soportarlo, intento
escapar por la puerta detrás de él pero estaba cerrada.
Los dos hombres notaron su presencia y gritaron en un idioma
irreconocible. En respuesta a la llamada, una criatura, con cierto parecido a
un humano, pero con una altura de 2 metros y medio, y una musculatura 3 veces
mayor a la de una persona promedio, apareció rompiendo una puerta, y comenzó a
perseguirlo.
John no pensó, corrió a la primera puerta que vio y entro en
ella. El monstruo le gritaba y llegaban más y más de ellos. Jonathan seguía
corriendo, mientras pasaba por un pasillo largo lleno de cuartos con las
puertas abiertas, en todos había camas, con cadáveres mutilados en ellas, y una
habitación con ventana abierta, donde estaba llena de bebés muertos, con
cientos de malformaciones. Cuando sintió que los había perdido, cruzo una
puerta doble y la cerró.
Cuando John cerró la puerta, notó que se encontraba en una
especie de recepción, con un montón de muñecos o más bien, maniquíes en
posiciones completamente naturales, algunos buscando cosas en sus bolsos, otros
en posición de hablar con otro maniquí, pero había uno que realmente lo
impactó, era un maniquí de un bebé, estaba en una pequeña cuna, este lo sostuvo
en sus brazos, era tan realista, tan pequeño, pero dejo su observación en el
momento en el que el bebé movió sus brazos y comenzó a llorar, John soltó el
muñeco y este, al momento de soltarlo, caer al piso y romper su cabeza en
pedazos, dejo de llorar.
Entonces todos los maniquíes comenzaron a moverse, y gritar, corrían
a las salidas y hacían ruido, el suficiente para alertar a los monstruos que lo
seguían, los cuales aparecieron por varias puertas, alrededor de la recepción.
Intentó salir por la puerta de salida, pero una mano lo
agarro por la espalda, y lo giro hacia el dueño de esa mano. John arranco una
arma del estuche para su revólver que el monstruo mantenía en su cinturón, no
paró a preguntarse porque. Disparó al monstruo en la cabeza antes de que
pudiera hacer algo y huyó hacia una puerta, un consultorio.
Cuando entró, tiró un
librero para bloquear la puerta, pero no era suficiente, busco una salida del
consultorio y se encontró con una puerta que salía a un pasillo largo, así que
agarro una botella de alcohol que encontró en el consultorio y la chorreó por
toda la puerta, saco sus cerillos, encendió uno y lo echó en la puerta,
mientras ardía, corrió hasta el pasillo y vio a lo lejos una ventana, estaba
abierta, una clara salida para John, comenzó a correr, corrió y corrió, tan
rápido como él podía correr, la salida estaba cerca, muy cerca, a menos de 10
metros de distancia, ya casi llegaba,
cuando alguien lo agarro del hombro, y lo golpeo en la nuca tan fuerte que lo
noqueo.
Cuando John despertó, tenía las manos enganchadas con
esposas, tirados en el piso y con las piernas amarradas, un mal movimiento por
parte del monstruo ya que la pistola la había soltado y estaba a menos de 2
metros de él. La criatura que lo noqueo estaba distraída, así que John se arrastró
hasta su arma, apunto a la cabeza del ser que lo había noqueado, y disparó. El
disparo lo mato de un tiro, pero sus compañeros aparecieron de una puerta, y al
darse cuenta de lo que había hecho, John levanto su arma hasta su papada y tiró
del gatillo.
En el momento en el que tiró del gatillo, su visión cambio,
recordó las cosas de otra manera, vio que los monstruos que lo estaban
siguiendo desde hace tiempo solo querían proteger a la gente del hospital,
porque su empleo de guardia de seguridad y policía lo decía así; recordó a
todos los maniquíes como lo que realmente eran, simples personas, incluyendo al
bebé que soltó y mató; recordó que los dos hombres que sacaban órganos de aquel
pobre hombre eran solo cirujanos, que habían llamado a seguridad; que la vela
que había encendido se apagó por el aire acondicionado que se encontraba encima
de él; y que él había despertado en su
habitación común y corriente, pero que su puerta estaba en simple reparación; y
por último, recordó que su enfermera, le inyecto algún jarabe, mientras ella
decía –lo siento, solo son ordenes…-.
Pero nada de eso importaba ya, porque el gatillo ya había
sido jalado…

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