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lunes, 4 de noviembre de 2013

Nuevo Cuento de Terror... Jonathan



Jonathan


Jonathan se preguntaba donde estaba, que hacia ahí; no recordaba mucho, solo que había ruido, unas sirenas antes de dormir, y que había despertado ahí, en una clase de habitación para un paciente del hospital, pero en la habitación había abundante oxido en los aparatos y en la cama, las paredes se encontraban viejas y roídas, el papel verde en la pared estaba roto en la mayor parte, y el suelo estaba terriblemente sucio, como si ningún alma haya pisado ese lugar desde hace años, y había unas manchas, un liquido, amarillento y purpureo a la vez, la habitación se encontraba iluminada por una lámpara de cable.

En el suelo estaban tirados la mayor parte de los aparatos médicos, la cama estaba sucia y viscosa por este desconocido liquido, en el suelo, además, había un montón de papeles, seguramente eran importantes en su momento, pero ahora, eran simplemente montones de información perdida.

Jonathan pensó que lo mejor que podía hacer era salir de ese lugar y saber que había pasado y, más importante que nada, donde estaba, así que se levanto de la cama, y sin darse cuenta, piso el liquido viscoso; se acerco a la pared que se encontraba junto a la puerta e intento encender la luz, obviamente el foco exploto en el acto, y al intentar llevarse la lámpara, era obvio que era funcional únicamente cuando se encontraba conectada, así que decidió salir de su habitación sin ninguna fuente de luz. Cuando John intento abrir la puerta, a esta se le zafaron los tornillos, dando evangelio del tiempo que había pasado antes de que despertara, y cayó al suelo, causando más ruido del que uno debería hacer.

Cuando Jonathan salió de su habitación, se encontró en un ambiente de terror profundo, terror hacia lo que uno no puede ver, porque la temible obscuridad nublaba todo; John no podía ver a mas de 2 metros de su cara, apenas distinguía la cantidad de dedos que tenía en su mano. Aun así, decidió que, según lo que su juicio había decidido minutos antes, debía averiguar que hacia allí, así que se aventuró hacia la temible obscuridad y comenzó a caminar.

Varios minutos después, habiendo pasado múltiples puertas cerradas, John no se rendía, seguía con su afán de abrir toda maldita puerta que encontraba a su paso, pero todas estaban cerradas, solo había una puerta abierta, un armario de conserje, que en el cual además de todas las escobas y utensilios de limpieza, había una vela y una caja de cerillos, que únicamente contenía 5 cerillos. Entonces Jonathan salió del armario del conserje y encendió el cerillo, al mismo tiempo que este era apagado por una brisa casi inexistente, que, según John, no había existencia alguna de esta corriente aérea. Así que John solo continuo a oscuras por este largo pasillo.

Después de minutos de andar sin un fin (que para cualquier ser podrían parecer horas), se topó con una puerta, una puerta que señalaba el final del pasillo. No podía ver a través de sus ventanas, porque estaban manchadas por un líquido que cualquier individuo hubiera confundido con aire, pero había una luz que se escurría sigilosamente por debajo de esta puerta. Con aire decidido, abrió la puerta, y entró a lo que parecía ser una sala de operaciones.

Pero no una sala de operaciones normal, era una especie de sala que estaba separada de un largo pasillo circular donde cualquier andante podría ver desde cualquier perspectiva la operación. Tampoco no era normal por eso, sino que las condiciones de la sala de operaciones eran tan denigrantes como el hospital completo, con todos los aparatos completamente oxidados.

En el centro de la sala había 2 personas junto a un cuerpo sacando todos sus órganos internos, eso es suficientemente asqueroso para ver pensó John, pero para sorpresa suya, el supuesto cadáver movió su cabeza y lo miro, moviendo su boca en intento de habla. John no podía soportarlo, intento escapar por la puerta detrás de él pero estaba cerrada.

Los dos hombres notaron su presencia y gritaron en un idioma irreconocible. En respuesta a la llamada, una criatura, con cierto parecido a un humano, pero con una altura de 2 metros y medio, y una musculatura 3 veces mayor a la de una persona promedio, apareció rompiendo una puerta, y comenzó a perseguirlo.

John no pensó, corrió a la primera puerta que vio y entro en ella. El monstruo le gritaba y llegaban más y más de ellos. Jonathan seguía corriendo, mientras pasaba por un pasillo largo lleno de cuartos con las puertas abiertas, en todos había camas, con cadáveres mutilados en ellas, y una habitación con ventana abierta, donde estaba llena de bebés muertos, con cientos de malformaciones. Cuando sintió que los había perdido, cruzo una puerta doble y la cerró.

Cuando John cerró la puerta, notó que se encontraba en una especie de recepción, con un montón de muñecos o más bien, maniquíes en posiciones completamente naturales, algunos buscando cosas en sus bolsos, otros en posición de hablar con otro maniquí, pero había uno que realmente lo impactó, era un maniquí de un bebé, estaba en una pequeña cuna, este lo sostuvo en sus brazos, era tan realista, tan pequeño, pero dejo su observación en el momento en el que el bebé movió sus brazos y comenzó a llorar, John soltó el muñeco y este, al momento de soltarlo, caer al piso y romper su cabeza en pedazos, dejo de llorar.

Entonces todos los maniquíes comenzaron a moverse, y gritar, corrían a las salidas y hacían ruido, el suficiente para alertar a los monstruos que lo seguían, los cuales aparecieron por varias puertas, alrededor de la recepción.

Intentó salir por la puerta de salida, pero una mano lo agarro por la espalda, y lo giro hacia el dueño de esa mano. John arranco una arma del estuche para su revólver que el monstruo mantenía en su cinturón, no paró a preguntarse porque. Disparó al monstruo en la cabeza antes de que pudiera hacer algo y huyó hacia una puerta, un consultorio.

 Cuando entró, tiró un librero para bloquear la puerta, pero no era suficiente, busco una salida del consultorio y se encontró con una puerta que salía a un pasillo largo, así que agarro una botella de alcohol que encontró en el consultorio y la chorreó por toda la puerta, saco sus cerillos, encendió uno y lo echó en la puerta, mientras ardía, corrió hasta el pasillo y vio a lo lejos una ventana, estaba abierta, una clara salida para John, comenzó a correr, corrió y corrió, tan rápido como él podía correr, la salida estaba cerca, muy cerca, a menos de 10 metros de distancia,  ya casi llegaba, cuando alguien lo agarro del hombro, y lo golpeo en la nuca tan fuerte que lo noqueo.

Cuando John despertó, tenía las manos enganchadas con esposas, tirados en el piso y con las piernas amarradas, un mal movimiento por parte del monstruo ya que la pistola la había soltado y estaba a menos de 2 metros de él. La criatura que lo noqueo estaba distraída, así que John se arrastró hasta su arma, apunto a la cabeza del ser que lo había noqueado, y disparó. El disparo lo mato de un tiro, pero sus compañeros aparecieron de una puerta, y al darse cuenta de lo que había hecho, John levanto su arma hasta su papada y tiró del gatillo.

En el momento en el que tiró del gatillo, su visión cambio, recordó las cosas de otra manera, vio que los monstruos que lo estaban siguiendo desde hace tiempo solo querían proteger a la gente del hospital, porque su empleo de guardia de seguridad y policía lo decía así; recordó a todos los maniquíes como lo que realmente eran, simples personas, incluyendo al bebé que soltó y mató; recordó que los dos hombres que sacaban órganos de aquel pobre hombre eran solo cirujanos, que habían llamado a seguridad; que la vela que había encendido se apagó por el aire acondicionado que se encontraba encima de él;  y que él había despertado en su habitación común y corriente, pero que su puerta estaba en simple reparación; y por último, recordó que su enfermera, le inyecto algún jarabe, mientras ella decía –lo siento, solo son ordenes…-.

Pero nada de eso importaba ya, porque el gatillo ya había sido jalado…

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